Estudiar de joven para lograr un título que permita encontrar un buen trabajo de mayor. Este esquema, que suponía que cuanto más se formaba uno en los primeros años de su vida, mejor sería el trabajo que encontraría en la edad adulta, ha caducado. Porque no solo es necesario estudiar para encontrar un buen trabajo. También lo es para mantenerlo. En septiembre, muchas empresas reactivan su formación continua. Si no es el caso de la suya, quizá deba solicitarlo o plantearse ser usted mismo el que busque cómo llenar lagunas antes de quedarse fuera de juego.
Las empresas disponen de ayudas para ofrecer formación a sus empleados. Una ayuda que llega en forma de desgravaciones. El coste de parte de la formación que ofrezca, por ejemplo, en septiembre se lo puede descontar en cuotas a la Seguridad Social de octubre. No es una ayuda muy abundante. Tiene un límite: parte de los 420 euros anuales en las empresas de un solo empleado y puede superar los 80.000 euros en grandes compañías. La Fundación Tripartita -cuyo patronato lo forman la Administración, los empresarios y los sindicatos- es la que intermedia en las peticiones de subvención. Según este organismo, en el año 2009 casi 300.000 empresas han realizado formación para sus trabajadores bonificada. "Supone una penetración del 18% en el tejido productivo", dice su informe.
Ocho de cada diez empresas no aprovecha las desgravaciones de formación. "A pesar de que estas ayudas existen desde hace años, hay un porcentaje bajo de empresas que las solicitan. Es por desconocimiento. Muchas no saben que tienen acceso", apunta José Luis Salguero, presidente de la Asociación de Entidades Organizadoras de Formación Continua (AENOA). Las grandes corporaciones, dice Salguero, sí que suelen usar las ayudas.
Cambios continuos en los programas informáticos, empresas que empiezan a vender en otros países o incluso puestos que, simplemente, han desaparecido. Casi nadie es imprescindible en su empleo, pero debe esforzarse por parecerlo y tener la mejor preparación posible para, si llega el momento de cambiar de empleo, tener buenas armas. "Cuando se estudia el currículo de un candidato se valora mucho que haya seguido formación continua. No tanto por los conocimientos en sí como por lo que transmite: una actitud proactiva, comprometida y dispuesta a adaptarse a los cambios", dice Cristina Pascual, de la empresa de selección Unique. Tampoco se trata de formarse sin sentido, solo para apuntarse un título. "No se puede generalizar, pero la formación que más se suele valorar es la que tiene más sentido con el perfil del trabajador. También, cada vez más, la que forma en habilidades en lugar de en contenidos. Por ejemplo, gestión del talento, liderazgo...", señala Pascual.
Algunas multinacionales, como Santander o Telefónica, tienen incluso universidades corporativas. Trabajan con formadores internos y contratando proveedores. En este campo trabaja el IL3, un instituto de formación continua dependiente de la Universidad de Barcelona. "Ofrecemos programas a medida para corporaciones, pero también formación abierta para trabajadores individuales", explica su director general, Pedro Vázquez Pinilla. El 80% de sus alumnos realiza los cursos de forma virtual. El curso pasado pisaron sus aulas 29.000 personas. "Cuando un trabajador busca formación continua por su cuenta, siempre es de carácter profesionalizador. No se trata de ocio. Quiere mejorar su posición laboral", opina Vázquez.
"La formación continua es un concepto muy amplio. Puede ser un máster, especialización, idiomas...", apunta Eva Rimbau, directora de estudios de posgrado de empresa de la Universitat Oberta de Catalunya. "Antes de empezar, el trabajador tiene que tomar dos decisiones: en qué formarse y dónde". El criterio básico para lo primero es marcar un objetivo laboral y "plantearse cuál es el perfil de capacidades y conocimientos para alcanzar ese objetivo". Después, sigue Rimbau, averiguar dónde obtenerla. "Para elegir un centro de formación es recomendable preguntar mucho, en muchos sitios y a muchas personas". La formación online puede ser una buena opción, ya que permite mayor flexibilidad para compaginarla con el trabajo. Pero no se engañe, coinciden Riumbau y Vázquez: si el centro que la ofrece es de calidad, hay que tener en cuenta que más flexibilidad no significará menos esfuerzo por su parte.
Fuente: elpais.com
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